Una mínima ruptura en la cadena de frío puede transformar alimentos seguros en riesgo sanitario, según advierte Bromatología en sus consejos para el verano. En ciudades cálidas como Salto 30 o 40 minutos a temperatura ambiente bastan para la multiplicación bacteriana. La cadena de frío se le llama a la necesidad que tiene un alimento de que nunca se encuentre expuesto a estar por encima de determinada temperatura ya que el producto pasa por múltiples actores y siempre debe mantenerse frío.
A TENER ENCUENTA
Las recomendaciones sostienen que la refrigeración debe ser menor a 6°C y que su función es frenar bacterias y enzimas. Cuando la cadena se rompe, las bacterias empiezan a crecer y a reproducirse. Con “media hora o dos horas fuera de la heladera el crecimiento es exponencial. Los riesgos sanitarios incluyen vómitos y diarrea, siendo más vulnerables niños, embarazadas y adultos mayores. Por tanto desde Bromatología se advierte que el cuidado de este tipo de aspectos es una responsabilidad compartida entre distribuidores, comercios y consumidores. Aun si se vuelve a enfriar, no se elimina ninguna de las bacterias que ya se multiplicaron. Sobre los helados cristalizados, desde Bromatología se explicó que no implican riesgo, pero sí afectan la calidad.
LÁCTEOS Y CARNES
Se recuerda que los productos lácteos como leche, quesos, yogures, cremas y los cárnicos o derivados como embutidos y fiambres, son los más sensibles a las altas temperaturas.