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Jueves 21 de Mayo, 2026 185 vistas

Fotografías antiguas de Salto: Caminos, carretas y diligencias en Salto del Siglo XIX

Por Cary de los Santos Guibert 
ENTRE EL BARRO Y LAS DISTANCIAS
Durante gran parte del siglo XIX, los caminos de la República Oriental del Uruguay conservaban aún el aspecto precario heredado de la época colonial. Viejas sendas indígenas y huellas abiertas por las primeras carretas constituían las principales vías de comunicación terrestre. En invierno, el barro y las crecientes transformaban aquellos trayectos en verdaderas trampas naturales, aislando durante días enteros a numerosas regiones del país. Las carretas, arrastradas por seis u ocho bueyes, avanzaban lentamente entre seis y ocho leguas por jornada. Más veloces resultaban las diligencias, impulsadas por caballos, mulas o yeguas, capaces de recorrer hasta treinta leguas mediante un sistema de postas donde se cambiaban los animales cada pocas leguas. Aun así, viajar continuaba siendo una experiencia fatigosa, marcada por sacudones, demoras y caminos inseguros. En 1882, el propio Álbum de la República Oriental del Uruguay, presentado en la Exposición Continental de Buenos Aires, reconocía que los medios de transporte apenas habían evolucionado y que los caminos permanecían «en su estado más primitivo», situación que dificultaba el crecimiento del comercio interior.
EL MOVIMIENTO DE LAS CARRETAS
En el Salto Oriental, las carretas desempeñaban un papel esencial en la vida económica. Desde la campaña llegaban cargadas de cueros, frutos, maderas y mercaderías destinadas al puerto, las plazas de abasto y los comercios de la ciudad. Detrás de aquel incesante movimiento se encontraba una extensa red de carreros y troperos, hombres acostumbrados a los largos trayectos y a las inclemencias del tiempo. Nombres como Cayetano Lugues, Vicente Alsogaray, Martín Michelena, Bernardino Flores o Amadito Esquivel formaban parte de ese universo cotidiano que mantenía unido al interior con el puerto salteño.
LAS DILIGENCIAS Y LA CONEXIÓN REGIONAL
A partir de la década de 1860, las diligencias comenzaron a consolidar rutas regulares entre Salto y distintos puntos del litoral y la frontera. Existían líneas hacia San Eugenio, Tacuarembó, Santa Rosa y Uruguayana, muchas de ellas coordinadas con las salidas de los vapores de la Nueva Compañía Salteña de Navegación a Vapor. Las agencias organizaban horarios precisos, recepción de encomiendas y transporte de pasajeros, convirtiendo a Salto en un punto clave de articulación regional. En 1885, la extensión directa de la línea hasta Uruguayana fue celebrada por la prensa local como un importante adelanto para el comercio y las comunicaciones. Así, entre carretas lentas y diligencias polvorientas, se fue tejiendo la compleja red terrestre que acompañó el crecimiento del puerto salteño y el desarrollo comercial del litoral uruguayo.