Por el Dr. César Suárez
Me hubiese gustado aprender a tocar algún instrumento musical, pero a pesar de eso nunca hice el esfuerzo para intentarlo, pero por suerte dispongo de mis oídos para disfrutar la música que otros interpretan.
La música es una expresión de arte que tiene remotos orígenes y que al igual que la voz es un medio de comunicación que fue evolucionando en el tiempo.
Por muchos siglos, la música se trasmitía de persona a persona o través de coros lo que hacía difícil sostener la fidelidad de composiciones musicales a través del tiempo.
Los registros para trasmitir a los demás músicos la notación musical, recién comenzó a tomar forma hace poco más de 1000 años entre el siglo IX Y XI con los primeros registros sobre papel para que un intérprete pudiera reproducir la música creada por otro.
Antes se habían realizado intentos de notación musical a través de signos denominados neumas, pero ya hacia el siglo XI, la música se comenzó a escribir sobre 4 líneas paralela denominado tetragrama.
Ya, sobre el siglo XIII, para intentar darle más fidelidad a la lectura musical se agregó una quinta línea a lo que se le denominó pentagrama.
Esta forma de escritura musical se fue corrigiendo hasta que en el siglo XVII adquirió su forma definitiva perfeccionada por Ugolino de Forlí imponiendo el pentagrama de 5 líneas que conocemos ahora.
Con el pentagrama se podía trasmitir la música, pero la aspiración mayor era el deseo de grabar y reproducir el sonido y obviamente se hicieron muchos intentos, pero fue Thomas Alba Edison que inventó el fonógrafo en 1877 capaz de grabar y reproducir el sonido. Después y hasta ahora transcurrieron apenas 150 años en los que se produjo una avalancha de inventos para reproducir sonido, perfeccionando su fidelidad.
A partir de entonces la difusión de la musical se aceleró en forma meteórica, sobre todo en las últimas décadas que puso a la música al alcance de todos.
Esos recursos de difusión musical trajo consigo la proliferación de innumerables estilos musicales que fueron mezclándose y evolucionando y cuando parece que ya no hay más para inventar, siempre surge un nuevo estilo que mueven multitudes.
Yo en realidad no sé nada de música, sólo sé que me gusta escuchar y debo confesar que el tango me puede y tengo la sensación de que cada vez suena mejor.
Cada acontecimiento siempre tiene su historia y el tango también la tiene, nada surge de la nada y esta música tan sensual, según cuenta la historia, surgió y fue tomando forma en los arrabales rioplatenses entre los años 1850 y 1890 y se fue armando con la influencia de otros estilos musicales como la habanera cubana, el candombe con la influencia de los esclavos traídos de África, la milonga, la mazurca y con esa miscelánea fue tomando forma hasta encontrar su personalidad y su estilo, primero fue música y baile tan sensual que escandalizaba a la sociedad “culta” y más tarde se le agregaron las letras llenas de padeceres y nostalgias hasta tomar su personalidad definitiva que hizo único e incomparable y como tal, escapó de los arrabales y fue invadiendo al mundo hasta hacerse universal.
Y se quedó impreso en la historia marcado por su referente como fue el mago Carlos Gardel que murió hace 90 años, pero a pesar de su ausencia física ya no hay dudas que cada vez canta mejor.
El tango llegó para quedarse en estos pocos más de 100 años se hizo un lugar privilegiado en la cultura del mundo entero. Ahora hay pocos nuevos creadores, pero con lo que dejaron los genios del siglo XX, alcanza y sobra para disfrutar y asegurarse su larga sobrevivencia que ojalá sea por siempre.
Domingo 08 de Marzo, 2026 216 vistas