Por el Padre Martín Ponce De Léon
Resulta ser un viejo dicho, pero, muchas veces lo olvidamos y asumimos como cierto lo que los medios de comunicación nos dicen en diversas oportunidades.
“Cuando se desata un conflicto, la primera víctima es la verdad” eso es lo que dice el viejo dicho.
Hoy en día, los medios de comunicación se han tecnificado muchísimo y nos hacen saber dentro de una aldea global. Ya no es necesario esperar un tiempo para poder acceder a una información que nos llega en simultáneo con los eventos narrados.
Es innegable que las noticias poseen, en muchísimos casos, una simultaneidad con el desarrollo del mismo producto de los avances tecnológicos actuales. Hay un copamiento en algún lugar del país y lo podemos seguir paso a paso en su desarrollo puesto que así se nos permite. Se da un accidente de avión en algún lugar de Europa y nos encontramos con las filmaciones que nos muestran los detalles del mismo al momento. Parecería que esta “aldea global” en la que estamos inmersos está llena de ojos y oídos que nos permiten vivir al día con los acontecimientos.
Pero, tampoco, podemos dejar de reconocer que, muchas veces, la información que nos llega está manipulada por los intereses particulares de quienes están involucrados en los acontecimientos.
Cuando un involucrado nos dice que hubo 1 fallecido podemos suponer que, en realidad, eran 10. Si nos dice 10 es que pueden haber sido 100 y si nos dice cien podemos suponer que han sido 1000. Jamás podremos tener la certeza de los números reales que se nos informan.
Un misil cae sobre una escuela femenina y muchas de las estudiantes fallecen. Nadie disparó dicho misil. Son daños colaterales. La verdad no importa
Supongamos que nos preguntemos por qué primero Venezuela y luego Irán. Se nos podrán dar muchas explicaciones para tales hechos, pero, supongamos, cuando se desata el conflicto con Irán se sabe que ello habrá de traer consecuencias con el suministro del petróleo mundial, pero, también, que ello ha de ser un problema para muchos, pero no para algunos que ya se han asegurado el petróleo venezolano. Jamás sabremos si esto es una suposición o una verdad.
La verdadera realidad de los hechos jamás la habremos de saber puesto que resulta un imposible saber la verdadera razón de los acontecimientos. La verdad es, siempre, la primera víctima.
Es tan real eso de que la verdad es la primera víctima que hay seres (que poseen algo de poder) que no tienen ningún temor en afirmar falsedades, para justificarse, que saben algunos tomarán, las mismas, por ciertas y justificarán sus decisiones. La verdad es lo que menos cuenta y no importa sus falsedades sean puestas a la luz.
Pese a que todos sabemos esto es así, tomamos partido y defendemos nuestra simpatía desde lo que se nos va informando o desde lo que hemos escuchado en algún lugar sin importarnos mucho por averiguar la verdadera verdad de lo que sucede.
Estamos en “una aldea global” pero, también, debemos saber que estamos muy lejos de poder saber la verdad de lo que sucede en ella por más que podamos ver o escuchar el sonido o la caía de las bombas o misiles.
Es allí donde nos preguntamos por ese Jesús que dijo: “Yo soy la verdad” ¿dónde queda en el hoy? Parecería como que cada vez posee menos espacio o importa menos. Sostener a Jesús es, cada vez más, una tarea que resulta muy difícil puesto que “la verdad es la primera víctima”
Sábado 07 de Marzo, 2026 53 vistas