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Domingo 02 de Agosto, 2026 99 vistas

La Escuela Hiram celebró sus 170 años con una disertación del docente Diego Delgrossi

Por Enrique Henderson 
La ciudad presenció la conmemoración de casi dos siglos de labor altruista ininterrumpida por parte de la fraternidad local. Este aniversario honra el surgimiento de su obra más icónica hacia la comunidad: el taller educativo fundado en 1856, período que marcó el asentamiento definitivo del taller masónico en tierras salteñas. Aquella iniciativa nació como un faro de instrucción libre y accesible para todos los ciudadanos, perpetuando el nombre de aquel mítico maestro de la antigüedad bíblica vinculado a la construcción de los grandes templos y pilar fundamental del arte de la edificación simbólica.
ENCUENTRO ACADÉMICO
Como parte de las celebraciones, las puertas de la casona ubicada en la arteria Treinta y Tres Orientales -cuya denominación evoca numéricamente una profunda simetría con el conocimiento reservado- se abrieron para recibir al docente y humorista Diego Delgrossi. En el recinto denominado Ariel Crescionini, en homenaje a quien ostentara la dirección de la logia Julio Bastos y fuera una figura de referencia en la centuria pasada, el expositor ofreció una disertación enfocada en la geopolítica contemporánea y las dinámicas del escenario global. Delgrossi abordó los sucesos históricos combinando erudición y un matiz sutil de ironía, acompañado por el médico Jorge Tambucho, conocido referente del trabajo social en la región.
EL SÍMBOLO QUE VIGILA
La actividad se desarrolló a recinto lleno bajo la mirada del majestuoso mural plasmado por el artista Edmundo Prati en 1931. En la parte superior de la estancia destaca el Delta luminoso con el párpado abierto, resguardado por el acrónimo sagrado que consagra las obras a la suprema fuerza creadora del cosmos. Entre columnas, arte y memoria, el público asistente atendió cada tramo de la exposición, reafirmando el vínculo entre la institución y la sociedad civil.
HERENCIA EN EL TIEMPO
A lo largo de más de un siglo y medio, incontables generaciones han cruzado el umbral de este espacio para formarse en diversidad de artes y oficios. La labor iniciada a mediados del siglo XIX mantiene viva su piedra pulida, sosteniendo una tarea callada pero constante en beneficio del desarrollo colectivo y el perfeccionamiento moral de la comunidad salteña.