Pasar al contenido principal
Miércoles 17 de Diciembre, 2025 224 vistas

Que migrar sea una elección, no una necesidad

Por Carlos Silva
Mañana, 18 de diciembre, se conmemora el Día Internacional del Migrante. Una fecha que invita a mirar más allá de las estadísticas y los titulares, y a detenernos en las historias, los rostros y los valores que han construido nuestra sociedad. En Uruguay, y muy especialmente en Salto, hablar de migración es hablar de nuestras propias raíces.
Nuestro país se formó a partir de la llegada de miles de hombres y mujeres que dejaron atrás su tierra, su lengua y muchas veces su familia, empujados por la necesidad, pero también atraídos por la esperanza. En Salto, esa historia está presente en cada barrio, en cada emprendimiento, en cada institución social o deportiva que nació del esfuerzo colectivo de quienes llegaron con poco y soñaron con mucho. Somos, en gran medida, hijos y nietos de migrantes.
Esos migrantes no solo aportaron mano de obra. Trajeron consigo valores que hoy forman parte de nuestra identidad, la cultura del trabajo, el sacrificio silencioso, el respeto por el otro, el apego a la familia, la importancia de la educación y el sentido de comunidad. Construyeron escuelas, clubes, cooperativas, pequeñas empresas y redes solidarias que sostuvieron el crecimiento de la ciudad durante décadas. Salto fue, durante mucho tiempo, sinónimo de empuje, de oportunidades y de orgullo.
Sin embargo, el paso del tiempo y las dificultades acumuladas han ido debilitando esa sensación de arraigo. Hoy vemos con preocupación cómo muchos jóvenes y familias se ven obligados a migrar, no por elección, sino por falta de oportunidades. Y allí aparece una reflexión necesaria: migrar debe ser una posibilidad, nunca una obligación. Nadie debería tener que irse de su ciudad para poder proyectar un futuro digno.
Recordar y reivindicar a los migrantes también implica asumir un compromiso con el presente. Honrar su legado no es solo mirar al pasado con nostalgia, sino trabajar para recuperar aquello que nos identificó como comunidad. Recuperar la identidad salteña es volver a poner en valor el trabajo, el esfuerzo, la producción, la inversión y el desarrollo como pilares del crecimiento. Es generar condiciones para que quedarse vuelva a ser una opción real.
Salto necesita reencontrarse con ese espíritu que la hizo crecer. Con la idea de que el progreso no es individual, sino colectivo. Que una ciudad que ofrece oportunidades fortalece el comercio local, atrae inversiones, genera empleo y construye esperanza. Que cuando una comunidad se ordena y crece, también se fortalece el tejido social y se renueva el orgullo de pertenecer.
En este Día Internacional del Migrante, vale la pena recordar de dónde venimos para saber hacia dónde queremos ir. Somos el resultado del esfuerzo de quienes llegaron buscando un futuro mejor. Hoy nos toca a nosotros recuperar esa identidad y construir un Salto donde nadie tenga que irse para cumplir sus sueños, y donde migrar vuelva a ser una elección, no una necesidad.