Por Armando Guglielmone
Educador canino – Instructor etólogo - Contacto : 098 539 682
Hay algo profundamente revelador cuando alguien dice: prefiero a mi perro que a la mayoría de las personas, diciéndolo en serio, sin ironía y con convicción. Son personas que cancelan sin problema planes sociales, pero nunca la caminata con su perro, que sienten más empatía por un animal herido que por un extraño en problemas, prefiriendo pasar una noche en su casa con su mascota que ir a algún lado con la intención de conocer “gente nueva”. Muchas los etiquetarían como anti sociales o raros, pero hay en esto una sicología fascinante y tremendamente humana en el por qué algunas personas desarrollan vínculos más fuertes con animales, que con muchas personas.
Esto no representa un defecto de carácter sino una respuesta lógica a experiencias de vida que mostraron que los humanos son impredecibles, decepcionantes y emocionalmente peligrosos, mientras que los perros ofrecen amor sin condiciones, presencia sin juicio y lealtad sin traición. La neurociencia explica el por qué de este comportamiento, cuando abrazamos o acariciamos a nuestro perro nuestro cerebro libera oxitocina, la hormona que también se libera cuando abrazas a un ser querido, pero lo interesante de esto es que en las personas que prefieren pasar el tiempo con su perro más que con humanos, los niveles de oxitocina liberado son mayores. Esto se explica por la no existencia de ansiedad social, miedo al juicio o la vigilancia emocional que típicamente acompaña a las relaciones humanas. Nuestra amígdala, el centro de detección de amenazas de nuestro cerebro, permanece tranquila con nuestros perros como rara vez lo hace con las personas. Es que los animales y los perros en particular, no mienten, no manipulan, no tienen segundas intenciones, su comunicación es directa, honesta y predecible.
La simplicidad emocional que encontramos en los perros es profundamente relajante, estudios muestran que las personas que padecen traumas, ansiedad social o experiencias de traición humana desarrollan vínculos más fuertes con animales, ya que estos representan seguridad emocional que las relaciones humanas, pocas veces proporcionan. Y esto no es debilidad, se llama inteligencia adaptativa, las personas muchas veces prometen lealtad y nos terminan apuñalando por la espalda. Los perros no nos abandonan, juzgan o usan nuestras vulnerabilidades en contra nuestro, son como debería ser el amor, presente, consistente y sin intenciones ocultas. Aún conociendo humanos buenas personas, el cerebro de estas personas sigue prefiriendo la seguridad emocional garantizada que los perros proporcionan, pese a que esto conlleve a que los presionen para ser más “sociales”, para salir más y conectar con gente, como si estuvieran en problemas por encontrar más significado en la compañía de su perro que en conversaciones superficiales o sin sentido con extraños o incluso conocidos. Los llaman solitarios o anti sociales, llegando incluso a recomendar terapia, sin saber que el motivo de este rechazo es haber aprendido a “conocer a las personas” y por esto mismo las evitan. Es que el encontrar felicidad y conexión con los animales no es válida según los estándares sociales. Este tipo de personas prefieren tener dos amigos verdaderos y su perro que cien conocidos superficiales, y no hay nada de malo en esto, por el contrario, la capacidad de amar profundamente a los animales demuestra que el corazón funciona perfectamente, solo que es selectivo, eligiendo lo que lo fortalece sobre lo que lo daña.
Los perros nos enseñan sobre lealtad incondicional, presencia genuina y amor sin condiciones, lecciones que lamentablemente muchos humanos, nunca aprenden.