Pasar al contenido principal
Miércoles 07 de Enero, 2026 105 vistas

Venezuela, empieza el año y un nuevo comienzo

Por Carlos Silva
Cada comienzo de año nos invita a reflexionar. No solo sobre lo que hicimos, sino sobre quiénes queremos ser como sociedad. Y hay temas que no podemos y no queremos eludir. Uno de ellos es la situación que atraviesa Venezuela y las consecuencias que pueda tener en nuestra región.
Durante años, millones de venezolanos se vieron obligados a abandonar su país. No se fueron por turismo ni por aventura, se fueron porque la falta de libertades, la crisis económica y la pérdida de garantías democráticas transformaron la vida cotidiana en algo invivible. Muchos de ellos llegaron a Uruguay y también a Salto. Trabajan, estudian, crían a sus hijos aquí y sueñan con algo tan simple como vivir en paz.
No podemos mirar hacia otro lado. Cuando en un país se debilitan las instituciones, cuando el poder se concentra sin controles y se persigue al que piensa distinto, cuando votar deja de ser elegir y pasa a ser apenas un trámite, el resultado termina siendo siempre el mismo, primero se pierde la libertad, luego la esperanza y, por último, la gente. Esa es la verdadera tragedia venezolana.
Hablar de Venezuela no es meterse en la política de otro país. Es defender valores que también nos sostienen a nosotros: la democracia, la alternancia, la libertad de expresión y el respeto por los derechos humanos. Los uruguayos sabemos que ninguna sociedad está vacunada para siempre contra el autoritarismo. La única garantía es la vigilancia cívica, el diálogo y la transparencia.
En este punto vale recordar la posición histórica del Partido Nacional. Siempre defendimos la autodeterminación de los pueblos, el respeto al derecho internacional y la solución pacífica de los conflictos. Nunca estuvimos a favor de la intervención armada, ni mucho menos de que otro país pretenda dirigir, aunque sea "por un tiempo", el destino de una nación soberana. Las ideas de administrar desde afuera decisiones internas de Venezuela no solo resultan ajenas a nuestra tradición democrática, sino peligrosas: la democracia no se impone por la fuerza, se construye desde adentro, con instituciones fuertes y con el pueblo decidiendo libremente.
Cabe también recordar las palabras del expresidente Luis Lacalle Pou, quien en las últimas horas ha reafirmado que "Maduro es un dictador" y que, aunque "hoy puede amanecer la libertad en Venezuela", él no justifica la intervención armada y señaló que falló la comunidad internacional en proteger los derechos humanos de los venezolanos. Suscribimos cada una de sus palabras.
Pero también es justo decir que se llegó a este punto porque la comunidad internacional no actuó cuando debía. Durante años, muchos gobiernos y organismos eligieron el silencio antes que la defensa clara de la democracia. Y varios de quienes hoy critican cualquier intervención externa, antes no hicieron nada por el pueblo venezolano, tolerando, relativizando o justificando los atropellos del régimen. Ese vacío de acción permitió que la dictadura siguiera avanzando y que se cometieran crímenes con total impunidad. La omisión, en política, también tiene consecuencias.
El comienzo de este nuevo año nos encuentra con desafíos propios: ordenar, trabajar, invertir, recuperar la confianza y generar oportunidades. Pero también nos invita a mirar más allá de nuestras fronteras y preguntarnos qué tipo de país queremos seguir siendo. Estoy convencido de que Uruguay debe mantenerse siempre del lado de la democracia, del respeto a los derechos humanos y de los pueblos que reclaman elecciones libres y justicia.
Por eso, no eludo el tema. Lo nombro. Porque el silencio, a veces, termina siendo cómplice. Y porque decir con claridad que la democracia importa siempre, también es una forma de cuidar la nuestra. Que este año nos encuentre más unidos, más conscientes y más firmes en la defensa de aquello que hace digna la vida: la libertad, la justicia y la posibilidad real de construir un futuro mejor.