La tranquilidad de la noche del viernes en la calle Solís al 1700 se vio quebrantada de forma dramática por un asalto planificado con frialdad. Minutos después de las 21 horas, una vecina de la zona alertó desesperada al servicio de emergencias 911 tras notar movimientos altamente sospechosos en la finca contigua, donde denunció el ingreso de hombres armados.
LOS HECHOS
La reconstrucción de los hechos, basada en el crudo relato de la propietaria de la vivienda, una mujer de 44 años, revela una situación de extrema vulnerabilidad. La víctima había salido de forma momentánea a depositar los residuos domiciliarios en la vía pública. Al regresar al inmueble, se topó con la peor pesadilla de una madre: su hijo de apenas 11 años de edad le confesó, aún en estado de shock, que cuatro criminales que ocultaban sus rostros con pasamontañas habían irrumpido en la propiedad portando un arma de fuego. Los delincuentes no dudaron en utilizar la intimidación y severas amenazas contra el menor de edad para obligarlo a confesar el escondite exacto de una importante suma de dinero en efectivo.
PARA PAGAR ZAFRA
El botín sustraído estaba destinado de forma específica al pago de los salarios de obreros zafrales del rubro citrícola de la zona. Según la información aportada por testigos clave que presenciaron la huida, la banda criminal se dio a la fuga rápidamente a bordo de dos motocicletas. En el lugar del hecho se desplegó el personal de la Policía Científica para la recolección de indicios, mientras que la Dirección de Investigaciones asumió el control total del caso para dar con los autores.